La creciente oferta actual de formación en inglés ha originado que muchas empresas  del ramo busquen reclamos vistosos y llamativos para atraer el favor de los clientes. Estos reclamos son de lo más variopinto. Unos abogan por ofrecer todas las clases diarias que el cliente quiera, no justificando muy bien cómo se puede conseguir eso sin mezclar alumnos de diferentes niveles y siguiendo un programa lectivo coherente con duraciones diferentes para los mismos alumnos de un curso. Otros optan por llamar la atención con las herramientas de trabajo, fundamentalmente con el atractivo de ofrecer tablets o  software en lugar de material bibliográfico, no suponiendo esto, en realidad, ningún valor añadido por sí mismo si no está complementado con los otros factores necesarios en el proceso lectivo. Otros, ofrecen como valor añadido el que la impartición se realice sólo por nativos, sin darnos, sin embargo, ninguna prueba de que, además de nativos, tienen la suficiente formación, conocimiento necesario de ambas lenguas y de los procedimientos pedagógicos suficientes para garantizar a los alumnos el aprendizaje.

El cliente potencial, el futuro alumno, debe guiarse por una serie de aspectos de rigor en el momento de la elección del curso que más le conviene y, para poder hacer esto correctamente, debería indagar prioritariamente en los aspectos relativos a la metodología a emplear y no dejarse influir por otros aspectos que a la larga no supongan un beneficio inmediato para su aprendizaje. Pero, ¿cuáles son estos aspectos? Vamos a intentar resumirlos de una manera breve y sencilla.

Disponer de un programa lectivo compacto, redondo, es trabajo arduo y complicado; implica análisis, ensayo y correcciones constantes para perfeccionar y amoldarse a los distintos perfiles de alumnos, a sus necesidades; valorar y experimentar con los diferentes materiales didácticos (en ocasiones, incluso, crearlos), adaptándolos y combinándolos con los materiales pertenecientes a las nuevas tecnologías (no necesariamente teniendo que incluir todas y a toda costa) y, sobre todo, una vez construida una didáctica buena con buenos materiales y buena tecnología, involucrar a los docentes en la didáctica resultante. Eso sí, docentes de calidad.

Y, con todo esto, ahora podríamos comentar individualmente algunos aspectos fundamentales relativos a estos puntos que los clientes deben observar y sobre los que exigir la necesaria información de manera previa a la selección de nuestro curso de inglés.

En lo relativo a las programaciones de contenidos, en no pocas ocasiones se abusa de la supeditación a lo programado por el material bibliográfico, esto es, seguir a pies juntillas el índice de los libros asignados como única programación de contenidos ofrecida en un curso, no completando estos contenidos con el trabajo práctico de las cuatro habilidades del lenguaje. Para el aprendizaje correcto de un idioma, los cuatro niveles del lenguaje (comprensión lectora o reading; comprensión oral o listening; expresión lectora o writing y expresión oral o speaking; o, lo que es lo mismo: leer, oír, escribir y hablar), deben crecer conjuntamente, homogéneamente y a la vez. Como resultado de planes de estudio en los que el trabajo se reduce al “trabajo en papel”, se aprecia que muchos alumnos, a la finalización del bachiller, tienen unos aceptables conocimientos gramaticales y de vocabulario, con unas carencias absolutas de comprensión y expresión oral, teniendo que afianzar estos últimos a partir de unos niveles prácticamente iniciales. En una programación de contenidos realista y eficiente, los contenidos gramaticales, de vocabulario y funciones comunicativas, deben ir conjugándose equitativamente con la práctica de los mismos, tanto en su comprensión oral (listenings), como en la producción oral de lo que se está asimilando; no reducir su comprensión a lo que leemos en el papel, sino conseguir producirlo en el nivel oral (speaking y listening). O sea, soy capaz de expresar y entender paulatinamente al mismo ritmo que lo que voy aprendiendo. En este sentido, el reto de ir presentándose periódicamente a exámenes de acreditación, como los planteados por Cambridge Esol, Trinity College o tantas otras entidades acreditadoras, es muy interesante y recomendable, ya que en ellos se van a valorar los avances de los alumnos en todos los niveles del lenguaje y no sólo en algunos en particular.

Por lo tanto, un primer objetivo en la configuración de una buena programación anual de contenidos es desinflar la cantidad de contenidos programados en la medida en que se pueda derivar tiempo y trabajo a ser capaz de, no sólo entender lo que se aprende, sino que se pueda utilizar a nivel práctico. Por esto, muchos programas lectivos que se plantean como intensivos, pueden serlo en cuanto a la impartición de muchos contenidos teóricos, pero habrá que analizar si van a poder corresponderse en una medida conveniente con su asimilación práctica en cuanto al uso del lenguaje; (¿eres capaz de comprender y expresar oralmente todo lo que estás aprendiendo?; si no es así, el aprendizaje está descompensado). Este es uno de los primeros aspectos metodológicos en los que un futuro alumno debería incidir al informarse sobre las diferentes ofertas que el mercado le ofrece.

Para conseguir el objetivo anterior puede resultar muy importante utilizar una combinación interesante y atractiva de materiales bibliográficos tradicionales y digitales. El material tradicional de los manuales y colecciones de tan prestigiosas editoriales como hay en el mercado, es importante y útil para el trabajo de campos fundamentales como el gramatical o el trabajo del vocabulario, también en ocasiones en formatos digitales con una buena calidad. Sin embargo, el trabajo práctico de comprensión oral requiere de materiales más atractivos presentes habitualmente en formatos digitales como vídeos, archivos de audio, documentales, software educativo, etc, que, combinado en la proporción adecuada con el material tradicional y trabajado en el aula paralelamente con sesiones de speaking relacionadas con los temas que se están trabajando, pueden dar con el resultado deseado: las habilidades del lenguaje crecen paralelamente y todas a la vez. Sin embargo, en muchas ocasiones, el uso de la tecnología, más que como complemento necesario se utiliza como razón suficiente y el elemento distintivo de la oferta es únicamente que el aprendizaje se lleva a cabo con tablets o con software educativo, sin incluir estas herramientas coherentemente en el conjunto de todo el procedimiento lectivo. Esto es insuficiente a todas luces y el alumno no debe dejarse engatusar por algo tan trivial, sino que debe ver el uso de estos elementos como algo útil y necesario dentro de un proceso lectivo que los necesita a cada uno para un propósito concreto.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, vamos a añadir una nueva cuestión fundamental: ¿cuánto tiempo debo dedicar diariamente al trabajo del idioma? Buena pregunta que, de nuevo, el alumno debe responder de una manera coherente. La respuesta a esta pregunta se puede encontrar teniendo en cuenta dos aspectos que son indiscutibles.

En primer lugar, para aprender un idioma hay que dedicarle tiempo todos los días; pero esto no se tiene que confundir con el hecho de que todos los días tengamos que ir a clase de inglés, sino que hay que buscar tiempo y hábitos, rutinas, con las que convivir diariamente con el idioma que vamos aprendiendo. Cuanto más tiempo estemos involucrados con el inglés, más rápidamente vamos a aprenderlo, al igual que hicimos con nuestra lengua materna, la que no tuvimos que aprender ni estudiando ni haciendo ejercicios, sino conviviendo con ella veinticuatro horas al día durante nuestros primeros años de vida. Lamentablemente, no podemos recrear la misma situación con un idioma con el que no podemos convivir las veinticuatro horas del día, pero hemos de  buscar tiempo diariamente para acelerar su aprendizaje. Seleccionemos nuestras lecturas no sólo en castellano, sino también en inglés, al igual que los programas de televisión. Acostumbrémonos a pensar en inglés o, lo que es lo mismo, a conversar con nosotros mismos en inglés. Ir traduciendo mentalmente situaciones comunicativas en el idioma es anticiparnos a lo que posteriormente hacemos en una sesión de speaking.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la cantidad de conceptos nuevos (términos, funciones, etc) que somos capaces de aprender y, sobre todo, de asimilar diariamente, es limitada. No hay que ser pretencioso con lo que queremos aprender en un día porque lo que vamos a poder asimilar de manera efectiva está limitado por nuestra propia capacidad (y hay estudios muy rigurosos que verifican estos aspectos). Por lo que, dedicar horas y horas diariamente a clases y al trabajo teórico de nuevos conceptos y términos es más pretencioso que útil, (otra cosa es el trabajo práctico de lo aprendido en su justa medida diaria, que sí que es útil en una gran cantidad, como hemos visto en el párrafo anterior). Por lo tanto, el hecho de estar asistiendo a clases sin límite todos los días, todas las horas y a todo trapo, tiene el mismo valor que el de un buffet libre en el que te ofrezcan veinte kilos de comida al precio de uno: ¿te los vas a comer todos o sólo lo que tu capacidad te permite?

Por último, no podemos concluir este pequeño repaso a cómo seleccionar los cursos de inglés rigurosamente, sin dedicarle unas líneas a otro de los aspectos que, desde mi punto de vista, más afecta en la oferta del idioma: el profesorado; ese elemento fundamentalísimo sin el que, cualquier programación, cualquier metodología, cualquier material, no vale nada. En nuestros más de veinticinco años impartiendo inglés, pocas preguntas se nos habrán repetido tantas veces a la hora de solicitarnos información como la de: ¿pero los profesores son nativos? Sin embargo, nunca nos han preguntado directamente ¿los profesores saben enseñar? Y, si es así, ¿cómo lo hacen? Dicho de otra manera, lo que deberíamos plantearnos sobre el profesorado a la hora de elegir es: ¿qué es lo que esperas tú de tu profesor, que sea capaz de hacerte aprender el idioma o que sepa utilizarlo él o ella muy bien? El fantástico currículo y capacidades de nuestros profesores nativos en la docencia del inglés, su bilingüismo, el control de ambos idiomas fundamental para la docencia eficiente, es lo realmente importante; no el mero hecho de ser nativos. La famosa pregunta de ¿…pero los profesores son nativos? sin más ni más, ha originado una presión negativa en muchos centros de formación que, llevados por la urgencia y necesidad de responder afirmativamente a esa pregunta de disponer a toda costa de personal docente nativo, lo ha hecho con nativos que de docentes tienen poco y, volviendo a lo que comentábamos antes, hablar un idioma no te capacita para enseñarlo y, por añadidura, no es ninguna garantía de éxito. Hay que exigir siempre profesores, docentes, tanto nativos como bilingües; pero innegociablemente profesores con capacidad de enseñar; de hacer aprender. La enseñanza del idioma inglés implica mucha más dificultad y esfuerzo por parte de los alumnos en sus niveles iniciales que los más avanzados. Al principio, las herramientas y capacidades con las que cuentan los alumnos son muy pocas; hay muchos contenidos gramaticales que aprender, vocabulario; no se tiene capacidad para mantener una mínima conversación hasta que se van asimilando conceptos,… Y, en este sentido, es cuando se hace evidente el hecho de que, en los niveles iniciales,  el alumno tiene a su propia lengua materna como único elemento estable y de referencia para el aprendizaje, esto es, el profesor tiene que enseñar de manera comparativa: lo que se hace así en castellano, se tiene que hacer así en inglés y esto sólo lo pueden hacer profesores que dominen absolutamente ambas lenguas. Este es un hecho grave que ha llenado el mercado de profesores que no están preparados para enseñar, lo que está sacrificando el tiempo y el dinero de muchos alumnos.

En esto radica la dificultad de realizar una buena oferta lectiva en la enseñanza del idioma inglés: realiza una programación realista de contenidos combinada con una metodología eficiente: vuelca en un calendario el trabajo de todos los contenidos programados con la suficiente práctica de las habilidades de compresión y expresión oral al mismo ritmo, permitiendo que crezcan todas a la vez; combina los medios didácticos tradicionales y digitales, en la medida más conveniente para que el aprendizaje sea eficaz, usando lo mejor de cada uno de ellos; planifica una rutina individual en la que todos los días uses lo máximo posible el idioma y, por supuesto, involucra en la enseñanza a los mejores profesores, bilingües por necesidad, que conozcan y apliquen todos los aspectos presentados con anterioridad.

Si tienes esto, tienes todo lo que necesitas para que el aprendizaje sea un éxito. Tú, el usuario, debes pararte a valorar estos aspectos haciendo las preguntas adecuadas, maduras y rigurosas, antes de elegir tu plan lectivo.

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